domingo, 16 de mayo de 2010

MUJER BÚFALO BLANCO (TRADICIÓN LAKOTA) Y LA PIPA DE LA PAZ PROFUNDA




Esta tarde, cuando volvíamos de un bello paseo, he sentido cómo se acercaba a mi un animal muy grande, que al principio me parecía un toro, luego me he dado cuenta de que no era un toro, sino un búfalo. Parecía como si nos fuera a embestir, luego se lo pensaba mejor y se daba media vuelta.



Lo ha hecho varias veces. He percibido que estaba enojado con el hombre blanco

(luego Igneón me ha contado que Búfalo Bill hizo una enorme matanza con ellos

por deporte, sin razón alguna, llevándolos casi a la extinción).




Me he dado cuenta de que ese búfalo anunciaba la llegada de la Mujer Búfalo Blanco, un ser femenino sagrado de la Tradición Lakota, de los indios de las praderas norteamericanas, que les trajo la Pipa Sagrada de la Paz Profunda. Dijo esa vez que vino que volvería. Parece que el momento ha llegado.




Cuando hemos llegado a casa, dispuestos para recibir su mensaje, se ha presentado majestuosa ante nosotros. Ella estaba en un primer plano, con un ternero de Búfalo Blanco a su derecha y la Pipa Sagrada de la Paz en sus manos. Al fondo se veía una manada de búfalos pastando.





Yo me he empezado a llenar de una gran paz, que aún me dura.





Se ha puesto delante de Igneón y le ha dicho:





‘Toma, hijo mío, fuma conmigo la Pipa de la Paz, pon paz en tu corazón’ (Igneón se ha

realizado una nueva toma de conciencia hoy y eso siempre te deja un poco ‘incómodo’

al principio).





Dije que volvería y he vuelto. Es el momento de que la Pipa Sagrada custodiada por la Tribu Lakota sea entregada al mundo y tú, hijo mío, eres mi Vocero, porque por amor muchas veces se te ha dañado el corazón por ser Custodio del Amor Viviente y Defensor de la Vida.





Toma, hazte primero tú con este inmenso don y luego hazlo extensivo al mundo. Es la Pipa que sana los dolores del mundo, porque da PAZ al corazón.





Fuiste el primer custodio de esta Pipa Sagrada, que te llenó de paz y de honra. Conociste lo que era la paz, es como un lago en calma, con los rayos del sol reflejándose en su superficie y un frescor en el corazón.'






LEYENDA LAKOTA DE LA MUJER BÚFALO BLANCO





Dos jóvenes cazadores Lakotas subieron a lo alto de una colina para observar el horizonte y distinguieron, a lo lejos, lo que parecía ser un ternero de búfalo blanco que se acercaba hacia ellos.




Al final resultó ser una joven muy bella que vestía un traje de ante blanco y que lucía una pluma de águila en su largo pelo.


Uno de los jóvenes confesó su deseo de capturarla y poseerla, pero el otro le advirtió que aquella joven podía ser una mujer de origen sagrado.


La joven había oído al primero de los cazadores y le pidió que se aproximara a ella. Así lo hizo éste, y de repente una gran nube negra rodeó su cuerpo durante unos minutos. Al desvanecerse la nube apareció el cuerpo sin vida del joven. Su compañero cayó de rodillas y empezó a rezar. La mujer le indicó que regresara a ese mismo lugar con todo su pueblo cuatro días después porque les haría entrega de un objeto sagrado.


El joven cazador explicó lo sucedido a su pueblo y nadie se opuso a las indicaciones de aquella joven. Al cuarto día, adoptando la forma de un ternero de búfalo blanco, descendió de los cielos sobre una nube.


Una vez en tierra, se convirtió en aquella bellísima joven y se acercó al

pueblo reunido para hacerles entrega de la Pipa Sagrada de la Paz por la que

podrían oír la voz del Gran Espíritu.


A este objeto sagrado los Lakota le llaman Pta Win o Mujer Ternero de Búfalo Blanco.



Ella prometió regresar. Hizo algunas profecías. Dijo que el nacimiento de un ternero de búfalo blanco sería una señal que marcaba su regreso de nuevo para purificar al mundo, trayendo nuevamente armonía y equilibrio espiritual.






En Telos yo he fumado la Pipa de la Paz con mi esposo indio Noa y mi Abuelita. Ha sido todo un honor para mí poder hacerlo y compartir la belleza de esa rueda de paz que se crea para poderse


pasar la Pipa Sagrada, con un gesto de pura presencia y respeto por el otro.



Ojalá un día, no muy lejano, nos podamos encontrar en una Gran Rueda de la Pipa de la Paz, fumándola como verdaderos hermanos, orgullosos de serlo, más allá de las razas y los credos.

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